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Escrito por Enrique Chaij
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La oveja quebrada
Veamos ahora el caso particular de una oveja, cuya presencia deseamos destacar en nuestro “zoológico”.
El turista se encontraba de visita en una zona rural de Suiza. Mientras observaba las bellezas de la región, pasó frente a él un pequeño rebaño de ovejas encabezadas por su pastor. Y al forastero le llamó la atención que una de las ovejas tuviese quebrada una de sus patas. Acercándose entonces al pastor, le comentó el hecho. Y este le respondió: “Sí señor, ya lo sé. Por extraño que parezca, yo mismo le quebré la pata. De todas mis ovejas, ésta era siempre la más atrasada. Nunca me obedecía. Así que tuve que quebrarle la pierna para que aprendiera a depender de mí. Cuando se sane, este será el animal modelo del rebaño. Entretanto, esta aprendiendo a obedecer por medio del sufrimiento”.
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Escrito por Enrique Chaij
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La inteligencia de las cabras
Comencemos la visita a nuestro singular “zoológico” observando el curioso comportamiento de las cabras. A su manera, ellas tendrán algo para decirnos.
Como animalitos montaraces, las cabras a menudo avanzan por senderos muy angostos y escarpados ¿Qué hacen cuando dos de ellas se encuentran frente a frente en una senda que tiene de un lado una pared vertical y del otro un profundo abismo? Retroceder no pueden, y tampoco puede desviarse una de ellas, porque el sendero es sumamente angosto.
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Escrito por Mike Tucker
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Comienza bien
Hace algún tiempo una banda de rock grabó un tema que hablaba de lo difícil que es encontrar el amor verdadero. La letra decía algo como: «Podrías pasar la noche esperando a un príncipe azul, pero si te pones a exigir, te quedarás esperando». El cantante ofrecía luego una opción a la chica que inspira su tema musical: «Nena, tal vez yo no sea el caballero ideal, pero podemos pasarla muy bien esta noche. Tal vez yo no sea el caballero ideal, pero soy el más apropiado para este momento». ¿Será aún posible encontrar al Sr. o la Sra. Ideal, o habrá que conformarse con el Sr. o la Srta. Improvisada?
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Escrito por Mónica Díaz
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Cuando escuchamos la frase «violencia doméstica» tendemos a pensar en los malos tratos físicos que el marido intolerante propina a la esposa sumisa; pero existen otras formas de violencia familiar, físicas y emocionales, hacia niños, ancianos, discapacitados o animales, que se manifiestan en rechazo, abandono, indiferencia, rudeza en el trato u ocultamiento de información. En resumidas cuentas, la violencia no es sino el uso de estrategias para imponer «nuestra» voluntad e impedir al otro ser libre. Y esta pauta de conducta se da en todo tipo de familias, clases sociales y niveles educativos.
Habría que estar ciego para no darse cuenta de que nuestro mundo está lleno de violencia en todos los ámbitos de la vida.
No importa el país que miremos, la raza o la cultura, la violencia está a la orden del día, omnipresente en los noticieros, en la prensa, la rutina diaria. Discordias, riñas, peleas, agresiones entre países, entre vecinos, entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos... Hay violencia en todas partes, incluso en aquellas relaciones que deberían ser más tiernas, como las que se establecen en el hogar. Ya ni nos sorprende que haya quien encuentre diversion y satisfacción en ella.
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