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| Un noviazgo inteligente |
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| Escrito por Sergio Torres |
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ROXANA no soportó más y finalmente decidió ir a ver a una terapeuta matrimonial. Hacia un año que se había casado con su “príncipe azul” y en los últimos seis meses había visto la transformación de su esposo de un “príncipe” a un verdadero “sapo”. Roxana pensó que con el paso de los meses él cambiaría, que sus riñas y maltratos se desvanecerían, pero lamentablemente las cosas empeoraron. Tuvo que hacerle frente a las humillaciones de su esposo ante sus amistades y familiares, al abuso verbal que penetraba su corazón, haciéndola sentir una persona sin valor ni dignidad propia. Todo era muy diferente de los primeros meses en que se conocieron. Cuando conoció a quien seria su esposo, Roxana se había sentido valorada y amada. Pensó que él sería la persona con quien compartiría su vida. Sin embargo, hubo varias ocasiones durante los primeros meses de la relación y del noviazgo que se le encendió una “luz roja” en su corazón. Simplemente la desechaba como algo pasajero. En esas ocasiones, la razón le decía una cosa mientras su corazón le decía lo contrario. Ahora las cosas habían llegado a una situación extrema, y decidió ir a ver a un terapeuta matrimonial. Para entonces, Roxana decía: “¡Si tan solo hubiera sabido antes lo que sé ahora!”
DOS COMPONENTES ESENCIALES En su libro How to Avoid Marrying a Jerk (Como evitar casarse con un necio), el Dr. John Van Epp señala dos cosas que hacen falta a las parejas que tienen una relación seria. La primera es el “conocimiento intelectual” (en ingles, head knowledge) y la segunda es el “conocimiento afectivo” (heart knowledge). En la primera carecen de un conocimiento básico de lo que buscan en una persona. En la segunda caen en un “apego emocional exagerado”, que se lleva a los miembros de la pareja a decir, “las cosas se podrán mejor” o “yo sé que esto es un problema, pero él (o ella) me ama, y eso es lo único que importa”
Según el Dr Epp, las relaciones del siglo XX se caracterizaron por basarse en un “amor romántico”. Solo había que “pensar en el amor”. La canción All you need is love (Todo lo que necesitas es amor) de los Beatles, el famoso grupo de la década de 1960, promovió este tipo de relaciones personales. Pero Epp agrega acertadamente que el siglo XXI debe caracterizarse por un “amor que piensa” El señala: “Es posible combinar los recursos cognitivos (del intelecto) con la pasión de tu corazón”. En otras palabras, hay que tener “muy bien puesta la cabeza” y, al mismo tiempo, controlar el “apego afectivo” Lo que yo te propongo es que tengas un noviazgo inteligente. Un noviazgo inteligente significa que mantienes tu cabeza bien puesta en los hombros. Que utilizas todos los recursos de la razón para entablar una relación perdurable. Cuando enciendes el interruptor del corazón y te dejes llevar en gran parte por tus sentimientos, te arriesgas a pasar por alto aquellos rasgos de la persona que debieran ser expuestos y analizados. Solo manteniendo la cabeza fría, cada miembro de la pareja puede dialogar con respecto a lo que le molesta y preocupa del otro. Ten por seguro que si te haces “el ciego” ante esos rasgos preocupantes y no atiendes las señales de alarma, llegará el momento cuando veras “la luz” y lo lamentarás. Recuerda que si durante el noviazgo las cosas “van mal” con discusiones por cualquier cosa y desacuerdos violentos, en el matrimonio, con toda seguridad las cosas se pondrán peor. Así que pon “cabeza” y “corazón” en la relación.
Preguntas que exigen respuestas
Históricamente, el matrimonio siempre ha sido una decisión que involucraba la cabeza antes que los sentimientos. La familia de tu pareja es uno de los factores que debes considerar seriamente y con la cabeza. Hay que preguntarse qué clase de familia es: ¿Es un núcleo familiar con fuertes lazos afectivos entre sus miembros, o es una familia donde “cada uno hala para su lado”? Puede suceder que tu pareja provenga de una familia disfuncional, y tú, de una muy unida. ¡Lucecita roja! Es muy probable que a tu pareja no le guste que pases tiempo con tu familia. La cultura de cada uno también, es un factor determinante en una buena relación. Es decir, si tu “príncipe azul” nació y creció en un país diferente al tuyo, ambos tendrán diferentes gustos y tendencias. Diferentes modos de ver las cosas. De sentir y ser. Esto pareciera no ser importante si lo miras con el corazón, pero debes preguntarte que efecto tendrá en ti la relación con alguien que proviene de un país y una cultura diferentes. Los valores religiosos que cada uno posea también deben analizarse con la cabeza fria. Tus tradiciones, tus vivencias y las expectativas sobre el lugar que ocupa la religión en tu vida pueden ser muy diferentes a las de tu pareja y a causa de que es algo tan personal, puedes esperar una buena dosis de conflictos en este ámbito. ¿Querrás sufrirlos? ¿Y qué podríamos decir del trato que novio/a tiene con otras personas? ¿ Cómo se relacionas con tus amistades, con tu familia y con su propia familia? Puedes aprender mucho acerca de la forma en que te tratara a ti “observando” cómo trata a sus seres queridos. Si hay señales de alarma en su comportamiento, no dejes de preguntarte el porqué, no dejes de dialogar sobre ellas, no las pases por alto. Y, ¿Qué de su personalidad? ¿Qué diferencias y similitudes tienen entre si? Hagan un test que les brinde un perfil de la personalidad de cada uno y utilícenlo para dialogar sobre el tema. Se inteligente, usa tu cabeza, aunque doloroso porque amas a tu pareja. Recuerda, lo que buscas es comportar una vida de dicha y de satisfacción basada en un equilibrio entre tu cabeza y tu corazón. Por último, recuerda que Dios creó el matrimonio y desea que cada miembro de la pareja experimente una profunda intimidad de mutua satisfacción y enriquecimiento. El Creador quiere que los dos se fundan “en un solo ser” (Génesis 2:24, NVI) y que esta relación sea permanente: “Lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe” (Marcos 10:9, |
