Consejos para criar un triunfador PDF Imprimir E-mail
Escrito por Colleen L. Reece   

Todo padre sueña que sus hijos sean triunfadores, no solo en los deportes, la música o la escuela, sino en la vida. Pero conquistar la carrera de la vida requiere de esfuerzo. Los siguientes ocho consejos nos ayudarán a lograr que nuestros hijos se convierten en los triunfadores que Dios desea.

1. Un buen comienzo. No podemos perder tiempo para mostrarles a nuestros hijos que creemos en ellos. Esperar a un bebé con los brazos abiertos cuando comienza a dar sus primeros pasos le transmite seguridad. Felicitar a nuestra hijita porque se esforzó en arreglar su habitación refuerza su determinación de complacernos y la ayuda a madurar.

Una madre inteligente dijo: "Si pudiera inculcarles a mis hijos la autoestima  que Dios quiere que tengan, podria considerarme una buena madre". No esperemos a que nuestros hijos ganen premios en la escuela o en la iglesia. Exhibamos orgullosos sus dibujos y manualidades, sin importar lo mal acabadas que estén. Asi les estaremos diciendo cuán importantes son sus esfuerzos para nosotros.

2 Inculquésmosles el valor del esfuerzo. Hace años se pensaba que un niño discapacitado mental, física o emocionalmente lo único que podía hacer era existir. Pero ahora, gracias a las olimpiadas especiales, los entrenamientos para padres, y los grupos de apoyo, millones de niños tienen la posibilidad de desarrollar sus capacidades al máximo.

Las emocionantes historias de éxito de personas a quienes no les auguraban ninguna clase de futuro, suelen estar adornadas con palabras como: «Mi mamá [o mi papá] simplemente me dijo: "tal vez te tome un poco de tiempo, pero sigue esforzándote"».

3 Animémoslos a dar lo mejor.

_ Mi dibujo no quedó tan bonito como el de María

_ dijo Melisa compungida.

Su maestra de preescolar, una mujer de gran agilidad mental, respondió.

_ No podemos ser siempre los mejores en todo. María tiene un talento extraordinario para el dibujo. Tú eres una excelente cantante. Kevin escribe historias fabulosas. El talento de Jaime es su linda sonrisa. Lo que importa es que seas tú misma y que des lo mejor, sin tratar de compararte con los demás. ¿Entiendes?

_ Creo que sí _ dijo Melisa.

Todo padre puede aplicar el mismo tacto de la maestra de preescolar de Melisa.

4 Enseñemos a nuestros hijos a vencer los obstáculos. Quizá algunos tengamos nuestra propia « Juanita» en quinto grado: cinco centímetros más pequeña y nueve kilos más delgada que el resto de sus compañeras de curso. Juanita queria correr en competencias, no tanto para ganar, sino por el placer de hacerlo. A pesar de las pocas posibilidades de quedar seleccionada, su deseo de lograrlo no se extiinguió y finalmente obtuvo la oportunidad. Juanita trató de no pensar en las personas que estaban compartiendo con ella y simplemente corrió. Con el viento golpeando su rostro y sus piernas coordinadas como pistones, tomó la delantera, solo para tambalear y caerse estrepitosamente a unos pocos pasos de la meta.

No ganó la carrera, pero se mostró como toda una triunfadora cuando se levantó y llegó detrás de las demás. Abandonar la carrera no era aceptable para ella. La actitud que tomó ese día seguirá influyendo en ella cuan la vida le presente sus inevitables desilusiones e intente desanimarla. Su actitud ese día la aprendió de sus padres y de las hermosas palabras de Pablo en las que usa una carrera como ilustración (vers. 2 Timoteo 4: 7).

5 Reafirmemos el amor que les tenemos. Algunos estudios demuestran que los adolescentes que abandonan el hogar se unen a sectas donde les lavan el cerebro por el simple hecho de que necesitan sentirse «amados» y aceptados tal como son. No encuentran afuera lo que necesitan, aunque la «comodidad» y protección que reciben de estos grupos los hace sentir bien temporalmente. A veces olvidamos que la «negligencia infantil» no solo tiene que ver con falta de comida, de casa o de ropa. Cualquier niño al que no se le reafirme constatemente el amor de sus padres y no se les estimule la autoestima es una victima de quienes les ofrezcan estas cosas.

6 Conozcamos a sus amigos. El difícil mundo moderno requiere que trabajemos en equipo. El hogar, la escuela y la iglesia deben unirse para preparar a los niños y adolescentes para una vida incluso más difícil que la que nosotros vivimos. Aprender a trabajar, jugar, estudiar y orar juntos son medios eficaces para lograrlo.

Como padres, podemos y debemos involucrarnos con las amistades de nuestros hijos. La Biblia dice que los amigos muchas veces pueden llegar a ser más cercanos que los hermanos. De hecho, ejercen mayor influencia en nosotros.  Abramos nuestra casa y conozcamos a sus amigos.

7 Demos importancia a los primeros años. Los padres deben entender que la etapa más importante de la crianza de sus hijos ocurre durante sus primeros años de vida, cuando lo que dicen papá y mamá es sagrado para ellos. Es de vital importancia que echemos las bases del amor de Dios, el amor familiar y la autoestima durante estos años.

Incluso los amigos cristianos pueden ocasionar daños a nuestros niños o adolescentes. Peggy hirió la autoestima de Rebeca diciéndole cosas como:«¡Gracias a Dios que yo no tengo que hacer dieta como Rebeca, porque nunca habría podido tener su fuerza de volutad!» Ella pretendió halagar a su amiga comparándola con su propia figura estilizada. Finalmente Rebeca y Peggy terminaron su amistad. Sin embargo, esta circunstancia no le causó daño alguno a la autoestima de Rebeca. ¿Por que?. Gracias a la atmósfera de aceptación y estimulo en que fue criada. Nuestros adolescentes necesitan de nuestra ayuda y apoyo más que nunca.  El simple hecho de saber que estamos allí para ayudarlos les brinda seguridad.

8 Incluyamos a Dios en la ecuación. En el Evangelio de Mateo Jesús habla de dejar brillar nuestra luz para que nuestro Padre en los cielos sea glorficado (Mateo 5:16). Quizá la mejor forma de ayudar a nuestros hijos es haciéndoles entender que cada talento que tenemos es un «préstamo» que Dios nos ha dado. La música, el cuidado del hogar, los deportes, la amistad o el cuidado que ofrecemos a los demás también son responsabilidades. Dios quiere que demos lo mejor de todo, y que desarrollemos estos y muchos otros talentos y los utilicemos para él. 

Como padres, nuestro estimulo, apoyo y ejemplo ayudarán a asegurar una generación de triunfadores que porten la antorcha del evangelio de la salvación de Jesucristo a toda criatura  (ver Marcos 16:15).

Tomado de Revista Prioridades
 

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