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| Las ventajas de la no violencia |
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| Escrito por Mónica Díaz |
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Cuando escuchamos la frase «violencia doméstica» tendemos a pensar en los malos tratos físicos que el marido intolerante propina a la esposa sumisa; pero existen otras formas de violencia familiar, físicas y emocionales, hacia niños, ancianos, discapacitados o animales, que se manifiestan en rechazo, abandono, indiferencia, rudeza en el trato u ocultamiento de información. En resumidas cuentas, la violencia no es sino el uso de estrategias para imponer «nuestra» voluntad e impedir al otro ser libre. Y esta pauta de conducta se da en todo tipo de familias, clases sociales y niveles educativos. Habría que estar ciego para no darse cuenta de que nuestro mundo está lleno de violencia en todos los ámbitos de la vida. No importa el país que miremos, la raza o la cultura, la violencia está a la orden del día, omnipresente en los noticieros, en la prensa, la rutina diaria. Discordias, riñas, peleas, agresiones entre países, entre vecinos, entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos... Hay violencia en todas partes, incluso en aquellas relaciones que deberían ser más tiernas, como las que se establecen en el hogar. Ya ni nos sorprende que haya quien encuentre diversion y satisfacción en ella. Cualquier tiempo pasado «no» fue mejor Uno tiende siempre a pensar que «cualquier tiempo pasado fue mejor», pero lo cierto es que empleo de la violencia no es nada nuevo. Cuando nos planteamos de dónde viene este mal, recurrimos generalmente a psicólogos y sociólogos, pero yo les invito a otra fuente, a la Biblia, pues en ella podemos encontrarno solo explicaciones a las causas primarias de la violencia, siono también soluciones y modos de combatirla. El profeta Oseas comenta: «No hay fidelidad ni amor, ni conocimiento de Dios en esta tierra; sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, sangre y más sangre. Por eso, la tierra está en duelo, y se marchita cuanto en ella habita» (Oseas 4:1-3). Y del mismo modo, las palabras de apóstol Pablo resultan reveladoras: «No hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que hago lo bueno»(Romanos 3:11,12). Reflexionando sobre estos dos textos, ¿creen ustedes que dejaríamos de practicar la violencia y nos decidiríamos a no permitirla y a enfrentarla, si tuviéramos un conocimiento personal_no meramente teórico_de Dios? Sin duda. Dios no fuerza las conciencias, no chantajea, deja plena libertad, no manipula información, no quiere nuestra obediencia sin surge del convecimiento y del amor. Dios educa apelando a la ternura, a la confianza, a la voluntad y a la razón, y después nos deja libres para decidir. El ser humano es extraordinariamente delicado, creado a semejanza de Dios, potencialmente dotado de gran sensibilidad para el entendimiento a través del diálogo, y para reconocer el dolor y ayudar. Pero esta sensibilidad se pierde y se embrutece si no puede desarrollarse e ir creciendo a medida que se pule el carácter. Como todo lo que es sensible, ha de ser tratado con sensibilidad. La violencia, cualquiera sea su forma, es destructiva para el ser humano. No ayuda a la formación del carácter, ni de quien la usa ni de quien la sufre, y resulta especialmente aniquiladora de la autoestima cuando se produce en el hogar. El agua y el aire son elementos necesarios para la vida, pero para dar vida han de estar en calma, porque cuando actúan con violencia arrasan con todo. Los huracanes, las inundaciones, los terremotos destruyen cuanto hallan a su paso. Aquello que fue creado para dar vida y mantenerla, cuando se vuelve violento únicamente produce la muerte de toda esperanza. El mismo Jesús se dirigió a la naturaleza fuera de control y le dijo: «Calla, enmudece» (Marcos4:39); en otras palabras ¡Basta ya de violencia! ¿ Es legítimo el uso de la violencia como «arma» de defensa? Pero ¿qué sucede cuando somos nosotros los que sufrimos la violencia? ¿Está justificado entonces enfrentarla con más violencia? Al fin y al cabo, no se puede frenar al violento únicamente con buenas palabras. «Ustedes han oído que de dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetadaen la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (Mateo 5:38-40). No se puede hacer justicia con la violencia, porque esta solo fuerza la voluntad de las personas, pero no obtiene su respeto; en todo caso, como mucho, su miedo. Para «desarmar» al violento hay que presentarle un camino mejor, una posibilidad, un resquicio al cambio, que se encuentra en el amor, en el amor por principio, en el amor que actúa de manera independiente de como traten a él. En palabras de Mahatma Gandhi: «La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia»; a lo que posteriormente añade: «La tarea que enfrentan los partidarios de la no violencia es muy difícil, pero ninguna dificultad puede abatir a los hombres que tienen fe en su misión» Es una necesidad aprender a vivir en paz Solo se puede combatir un germen tan dañino como el de la violencia a través de la sabiduría que viene de lo alto, que «es, en primer lugar, pura, además pacifica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenas frutos, imparcial, sin hipocresía. El fruto de la justicia se siembra con la paz para los que procuran la paz» (Santiago 3:17). Dios es un Dios de paz, y como tal desea «en la tierra paz a los hombres» y la promueve enérgicamente: «Mi paz os dejo, mi paz o doy, pero la paz que yo os doy no es como la que ofrece el mundo» (Juan 14:27). El «Príncipe de paz» nos muestra que el germen de la no violencia está en tener una actitud conciliadora, pero a la vez intransigente con el mal, por eso el propio Jesús dice «no he venido a traer paz, sino espada» (Mateo 10:34). «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5: 5-9). He aquí un llamado a ser una influencia en nuestro medio, a trabajar activamente en contra de la violencia. «Quien quiera amar la vida y ver días felices», nos dice el apóstol Pedro, «busque la paz y corra tras ella» (1Pedro 3:10).
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